martes, 21 de abril de 2015

"Miura, más allá del tiempo", artículo de Rafael Peralta Revuelta publicado en el diario La Razón.



 
 
 
 

 
Miura, más allá del tiempo 


Quién iba a pensar que aquellos toros que criaban los monjes cartujos en el Siglo de Oro español, allá por 1637, terminarían siendo la huella ancestral de los míticos toros de Miura, cuya divisa continúa en los carteles de las principales ferias del planeta taurino. De aquellos toros fraileros, que también criaron más tarde los dominicos del Convento de San Jacinto, en Sevilla, decían que eran "de más alzada que sus congéneres andaluces, corpulentos, largos, galgueños, distintos del tipo recortado característico de los de Vistahermosa...". Curiosamente, ese idéntico esteotipo racial parecen conservar hoy día.

 Por la calle de las Sierpes camina un señor de porte serio, sobrio. Es sombrerero de profesión. Y aunque es sevillano de nacimiento (1802), su aspecto es más bien del Norte, descendiente de aquellos Miura de la Casa solariega de Urdax. Como cada mañana, acude a su tienda o despacho de sombreros, aunque tiene su taller en la Plaza de la Encarnación. 

Por entonces, ya había finalizado la Guerra de la Independencia, y Don Juan Miura decide comprar una punta de ganado a Gil Herrera para así satisfacer la afición de su hijo, Antonio Miura. La ganadería, fundada en 1842, debuta en la Plaza de toros de Sevilla un 15 de agosto de 1846. Tras la adquisición de sucesivos lotes de Albareda (como la calle del mismo nombre, tal y como lo refiere Fernández Salcedo) y Núñez de Prado (viuda de Cabrera), la ganadería toma antigüedad en Madrid en 1849.
 
Un año antes, Gustavo Adolfo Bécquer relata en su crónica: 

"Si bravo y pujante había salido el primero de los toros de Miura, valiente y feroz por demás fue el segundo. Este toro, cárdeno de color, de cabeza y cola finas, era tan bien hecho y bien plantado, que pudiera de él decirse con verdad:
​​Nunca el ancho rodeo
​​que da Betis, con tal fruto,
​​pudo fingir el deseo
​​más bella estampa de bruto".


A todo lo anterior, se le aporto dos sementales "saavedreños" y un toro de casta Navarra indultado en Córdoba, regalo de "Lagartijo". Tras una estricta selección y teniendo ya definida las líneas fundamentales de la ganadería, su hermano Eduardo, sucederá a Antonio Miura, situándola en lo más alto de la tauromaquia. El Rey Alfonso XIII le ofrece el título de Marqués. Se suceden tardes históricas, de gloria y de tragedia. Se dispara su fama. Tanto es así, que algunos matadores, como Bombita, exigieron un incremento de honorarios por anunciarse con toros de la célebre vacada, en el denominado "pleito de los Miura".

Cuando Antonio y José Miura Hontoria heredan de su padre el legendario hierro en 1917, la ganadería es una de las más acreditadas de toda la cabaña brava. Desde entonces, torear una corrida de Miura constituye una de las medallas de más valor en la carrera de un torero. 

Es cierto que los toros miureños cargan con una oscura leyenda, falsamente atribuida a aquella otra idea de poseer un cuello más largo de lo común o una vértebra más. Pero, también, aquellos que triunfaron con los toros que hoy pastan en Lora del Río, gozaron de un reconocimiento extraordinario de forma vitalicia.

 Miura no sólo pone nombre a los lujosos coches Lamborghini. Es una toda filosofía de vida, donde se rinde culto al toro bravo. Y es historia de nuestra cultura, de nuestras raíces, con nombres de toreros ligados a su mítico apellido, como Joselito "El Gallo", "Manolete" o Pepe Luis Vázquez, por sólo citar algunos nombres.

 En 1940 se hace cargo de la ganadería Eduardo Miura, padre de los actuales ganaderos. Entrar en los cerrados de "Zahariche" supone viajar más allá del tiempo. Su patrimonio genético es único en la cabaña brava. Pero es su tradición oral -de padres a hijos, de abuelos a nietos- y su filosofía, la que hace que desafíe al mundo manteniendo las misma costumbres que antaño.

Se trata, por tanto,  de una ganadería que permanece con el mismo nombre, con el mismo encaste, en la misma familia y lidiando en las misma plazas durante tres siglos distintos. Pero el mérito reside, mayormente, en mantener su extraordinario cartel durante décadas, en la ferias más importantes de España y Francia.

 Así es el mítico hierro de la "A con asas", la que superó guerras y vio pasar por delante de sus ojos a un buen número de pontífices y de reyes... Y siempre, en la misma familia, generación tras generación, siendo su creación y fundación más longeva que inventos tan universales como la radio de Marconi,  el teléfono de Graham Bell o la luz eléctrica de Thomas Alva Edison, e incluso con mayor antigüedad aún que el origen de las reglas del fútbol en la Inglaterra del XIX. 

Este domingo, 26 de abril, se cumple el 75 aniversario de esta divisa lidiando de manera consecutiva en la Plaza de Toros de Sevilla. Ese día, el nieto de D. Eduardo, reaparecerá de forma excepcional para estoquear los toros del hierro familiar. 

 Un misterio parece envolver a estos toros. Acaso fueran los monjes cartujos del XVII quienes le recetaron el elixir de la bravura. O quizás fuera aquel hijo del industrial sombrerero, quien fuera el auténtico alquimista de la casta y de la emoción. México, Montevideo, La Habana, Arles, Lisboa,..., fueron plazas del mundo que vieron su bravura en sus ruedos. Su personalidad permanece aún intacta, manteniendo el mismo sitio de siempre. Pero más allá del tiempo, crece su leyenda... Y un profundo respeto nos llena de solemnidad al pronunciar las cinco letras de su nombre: Miura. 
 
(Por Rafael Peralta Revuelta, Comisario de la Exposición "Miura y Sevilla")

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