lunes, 18 de junio de 2012

Curro Romero se abre y sincera a los aficionados en nuestro Curso de Tauromaquia: "Me hice torero por fatiga". Artículo de Francisco Apaolaza.









Francisco Apaolaza

Curro Romero es un caballero Jedi del toreo. Por eso, cuando entra en la sala de conferencias de la plaza de toros de Espartinas, se hace un silencio catedralicio. Lo escuchan los 35 alumnos del Curso de Aficionados Prácticos y lo miran como si fuera un obispo en la misa o, mejor, como si fuera Dios. Desde muy atrás de sus dos ojos azules profundísimos el maestro sale del burladero de su timidez y camina decidido hasta el tercio de la charla: «Aquí somos todos unos locos... Unos loquitos buenos». Y vuelve a su niñez en una finca de Queipo de Llano. «Me echaban la bronca mucho y de malas maneras por llegar tarde y un día me dije: ¿Porqué no seré yo torero? Así que me hice torero por fatiga». La audiencia sonríe y se escucha algún 'bien' susurrado, de los mismos con los que le jaleaban las medias verónicas eternas, pero en bajito. No se atreven a aplaudir.

Todos tuvieron un comienzo, también el hombre de las muñecas metafísicas, que también entrenaba como los alumnos que lo escuchan y se le ponía «el estómago en la espalda» de embestir a los demás. Hasta el año 2000, cuando se retiró, no hubo un día de su vida en el que no toreara de salón. Desde que se fue, andan sus trastos huérfanos porque hace doce años que no dibuja un solo capotazo; le duele demasiado la espalda. Todavía recuerda cómo entrenaba en la intimidad. Se iba andando a un pinar de Aznalcázar y allí solo, escondido, soñaba y modelaba su toreo. «A veces hasta me daba oles a mí mismo, así bajito». Que a un alumno de un curso de tauromaquia le dé consejos Curro Romero es como si a un niño con una flauta le hablara Wolfgang Amadeus Mozart. Sus indicaciones pueden parecer evidentes, pero tienen su profundidad: «Cuando estéis dando un muletazo pensad en ese muletazo no en la hora a la que os tenéis que ir o lo que vais a hacer luego». 

Después va mucho más allá: «El toreo necesita mucho amor. Amor al toro y a las personas, porque antes de ser torero, antes de ser cualquier cosa, hay que ser persona». La ovación duró un minuto largo.

 Publicado en el Diario HOY de Extremadura y demás rotativos del Grupo Vocento:  

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